La manera correcta de apresurarse

     

Siempre me asombraba observar a la gente apresurada en el transporte público o en la calle de una ciudad grande. Algunos tienen tanta prisa como si su vida dependiera de llegar a tiempo a su destinación. A veces veo a los ciudadanos haciendo cosas realmente peligrosas: uno salta en la puerta del tren que se está cerrando, otro cruza la carretera con la luz roja del semáforo. ¿Quizás no sepan que el próximo tren vendrá en dos minutos y la luz se pondrá verde aun más pronto?

Imagino que la misma gente que corre como loca a su trabajo puede pasar horas del mismo día navegando por Internet inútilmente o viendo tonterías en la televisión. ¿Cómo puede ser que el mismo recurso, el tiempo, tenga un valor tan diferente en varias circunstancias?

Por supuesto, el deseo de ahorrar tiempo es muy sano. Sin embargo lo podemos hacer de una manera más sabia. En vez de apresurarnos físicamente en los momentos menos adecuados para eso, podemos aprender a ser más efectivos en nuestro trabajo y otras actividades corrientes, podemos abandonar nuestros malos hábitos, podemos planear mejor.

Si todos pudieran aprender apresurarse de una manera así, nadie volvería a llegar tarde a ningún sitio y todos se quedarían más tranquilos.