Por qué nunca más compro bebidas

     

Hace varias semanas empecé un experimento relacionado con una de las necesidades básicas del los humanos — la necesidad de beber. Todo comenzó con la análisis económica que hice sobre mis gastos de alimentación. Es que en promedio como afuera de la casa nada menos que dos veces al día. Generalmente se piensa que comer en cafeterías es más costoso que en casa, pero yo creo que además de comparar el precio monetario de cada modo, hay que también comparar su valor implícito, como el de tiempo. Así que yo considero cada opción en el menú desde el punto de vista del valor añadido. Por ejemplo, a mi me parece poco razonable comprar una ensalada fresca en una cafetería, porque solo toma diez minutos prepararla en casa, sin embargo el precio de una ración usualmente es mucho más caro del puro precio de los ingredientes. En otro lado comprar algo que es difícil de cocinar, o algo que de ordinario no se cocina en poca cantidad, parece más lógico. En tal caso por el precio que pagas recibes el valor añadido del tiempo ahorrado y la ausencia de sobras estropeadas.

A pesar de que yo sabía todo esto hace tiempo, por alguna razón no lo aplicaba a las bebidas, es decir siempre me compraba un vaso de zumo o agua junto con una comida. ¿Y qué valor añadido te dan cuando te ponen un vaso de agua por el precio de tres litros? Seguro que es menos que ninguno, es negativo.

Por suerte esto cambió para mí. Lo que hago ahora es llevo conmigo una pequeña botella de agua por todas partes. La relleno cuando salgo de mi casa por las mañanas y cuando termino de trabajar en la oficina por las tardes. Además del sentido económico, descubrí que siempre tener una botella de agua pura al lado tiene su efecto a la salud y bienestar porque ayuda disminuir el consumo de las bebidas con azúcar y de mala calidad.

Por lo último, debo decir que todo esto no significa que no voy a disfrutar una copa de vino o una cerveza en un buen restaurante de vez en cuando.