Reparación de bicicletas y el precio de trabajo de otros

     

Hace diez días recibí en el correo las bicicletas que había comprado online para mi esposa y yo. Me las entregaron empacadas en estado medio desmontado. El pequeño papel encontrado en la caja sugería que las trajera a una tienda de bicis local para que me ayudaran montarlos y poner a punto. Yo lo leí casi como una ofensa personal, ¿Piensan que no soy capaz de armar una bicicleta?

Por curiosidad averigüe los precios que las tiendas en San José piden por ensamblar una bici. Resultó que el mínimo era 50 dólares. ¿Pagar 100 dólares? ¿Tan caro? ¡Nunca, lo puedo hacer por mi cuenta! Así que armado con mi navaja suiza me puse al trabajo de armar mis bicicletas…

Un par de horas después logré conectar todas las partes una a otra y fui la calle para un “test drive”. Resultó que no todo funcionaba tan perfecto como me gustaría. Los desviadores cambiaron los engranajes de manera no muy lisa y a veces con ruido. Además los frenos de disco frotaban al rotor. Pero nada de eso me desánimo y al volver a casa empecé a mirar varios video en YouTube sobre cómo ajustar los mecanismos que no funcionaban bien. En el proceso descubrí que me faltaban algunas herramientas y tuve a ir a una tienda de Home Depot para comprarlas.

Luego, poco a poco, mi entusiasmo empezó a desvanecer. Pareció que siempre cuando ajustaba una cosa, algo otro resultaba no funcionando perfectamente. Pasé tres o cuatro horas más y si logré un cambio fue a lo peor. Pensé que quizás debería reconsiderar mi opinión de los precios en las tiendas de bicis.

Una semana después mi esposa y yo salimos de una tienda llamada Mike’s Bikes en el bonito barrio de Willow Glen montando nuestros bicis perfectamente ajustados. Yo acababa de pagar 100 dólares y estaba completamente satisfecho por hacerlo. Es interesante cómo nuestra opinión del precio que hay que pagar a otros por su trabajo puede cambiar después de intentarlo hacerlo a nuestra propia cuenta. ¿No es así?