Y cómo lo escribiría yo “El cuerpo de 4 horas”

     

Hace una semana terminé de leer “El cuerpo de 4 horas”, un besteller famoso. Aunque Tim Ferriss, su autor, ha sido uno de mis grandes inspiradores de últimos años, especialmente con su libro anterior “La semana laboral de 4 horas”, debo decir que el nuevo libro no me impresiono.

A pesar de tener buenos consejos sobre cómo perder grasa, cómo desarrollar músculos, cómo correr más rápido, y otros, no me gustó el libro como una obra completa. Es más parecido a un juego de los blogposts que un libro. Hay cosas contradictorias entre varias partes. Algunos capítulos en mi opinión son realmente inútiles, como por ejemplo el que trata de cómo uno puede dormir dos horas al día.

Sin embargo es notable que Tim Ferris quería de verdad ayudar a sus lectores ponerlos en control de sus cuerpos para hacerse más delgados, más fuertes, y en fin más seguros de sí mismo y más felices.

Desde el día cuando cerré la tapa he estado pensando de cómo lo escribiría yo un libro así. Primero, intentaría hacerlo más corto y consecuente. Con respecto al contenido sí que incluiría capítulos sobre la sana alimentación, sobre los ejercicios para los músculos y la fuerza. Pero definitivamente no recomendaría usar ningunos suplementos químicos para acelerar y reforzar el efecto, porque creo que sólo lo natural es bueno.

Algunos capítulos yo omitiría completamente por ser inútiles: las que se tratan del sueño, del béisbol, de como vivir para siempre (sí, hay un capítulo así en el libro), y por último la que explica cómo contener la respiración.

Una cosa que seguro tendría un lugar muy importante en mi versión del libro, es un capítulo sobre cómo preservar la buena visión y mejorarla si ya está empeorada. Esto me parece un aspecto muy importante de la salud corporal, sin embargo no dice nada de ello Tim Ferriss.

Para terminar, no lamento de ningún modo por haber leído “El cuerpo de 4 horas” de Tim Ferriss. En efecto ha sido bastante divertido y útil la lectura. Pero es seguro no voy a releerlo, entonces no hay razón para guardar el libro en mi estantería. Por lo tanto voy a donar el libro a quien lo quiere.

Gracias por vuestra atención, y recordad que dice la frase famosa: “Mens sana in corpore sano”.