Aprender a amar cosas benévolas y la felicidad

     

Hay un dicho que dice que el nivel de felicidad de una persona no depende de ningunas circunstancias externas. A veces pensamos que una nueva compra, o una casa más grande, o un salario más alto nos harán más felices. Al ocurrir tales cambios de verdad nos dan la risa y elevan nuestro espíritu. Sin embargo, este efecto dura muy poco. Pronto empezamos a volver a nuestro nivel de felicidad habitual.

Para mi la receta de ponerse más feliz de manera perpetua consiste en aprender a amar y disfrutar las cosas benignas de la vida. Es que a primera vista muchas de las cosas que nos hacen verdaderamente felices pueden parecer difíciles y aburridos. Por ejemplo una persona indolente observando a alguien que se despierte temprano para correr y hacer ejercicio puede pensar que él hace un sacrificio o incluso sufre para un futuro beneficio. Pero en muchos casos esto no es así. Lo más probable es que aquel corredor matutino hace algo que le encanta y no cambiaría su rutina por nada en el mundo.

Con cualquier actividad benévola es difícil hacerse empezarla, formar el hábito. Pero una vez superamos esta joroba nos ponemos en el camino de ser más felices. Cuanto más nos dedicamos a algo, más lo entendemos, más nos gusta, y más feliz nos hace.

Para mi tales cosas benignas que forman parte de mi bienestar son natación, carrera, aprender idiomas, mantener una dieta saludable, leer libros de desarrollo personal, y muchas cosas más. Hasta mejorar mi sistema de contabilidad de finanzas personales contribuye a mi felicidad.