La noche con Fígaro, o llenando un hueco en educación cultural

     

Ayer fue la segunda vez en mi vida que visité el teatro de La ópera nacional de Ucrania. La última vez fui hace más que dos años cuando asistí un concierto de la música clásica española. Esta vez mi esposa y yo vimos y oímos una opera verdadera — El barbero de Sevilla. No gustó mucho la representación: tanto la música como la actuación.

Para mí esta ópera era interesante desde varios ángulos culturales. Primero, porque la acción se sitúa en España, segundo, porque el autor de la música era un italiano — Gioachino Rossini. Y aunque las partes eran interpretadas en la traducción ucraniana, todavía me sentí sumergido en las culturas española e italiana.

Muchos fragmentos musicales de la ópera pudimos reconocer, porque los habíamos oído antes: quizás en películas, quizás en publicidades. Era muy interesante oír algo que te suena muy familiar y darse cuenta de que por fin íbamos a saber de donde venía ese fragmento. Lo más reconocido de todos era la aria “Largo al factotum” cantada por el alegre Fígaro en el principio del acto uno.

Salimos del teatro en un buen humor y volviendo a casa continuábamos canturrear las melodías de la ópera. Espero poder continuar llenar más huecos en mi educación cultural asistiendo más óperas en futuro.