Los horarios y la disciplina de apegarse a ellos

     

Hoy es el último día de febrero. Debo admitir que ahora estoy escribiendo esta nota en prisa, para cumplir con mi orden establecido de publicar dos artículos cada mes en este blog. Aunque tenía otras ideas para compartir con el mundo esta vez, decidí a reflexionar sobre el poder de los horarios que formamos para nosotros, el mismo que me impulsa esta mañana escribir esto aún antes de ducharme.

Es muy fácil programar un horario. Lo solemos hacer para crear una estructura que nos dirija en el mundo de distracciones constantes hacia una dirección de desarrollo preferida. Lo que es más difícil es cumplir con lo que programamos. En algunos casos resulta casi imposible seguir los horarios en practica, porque los hemos hecho muy cargados, gracias a nuestro optimismo inicial.

Mi experiencia hasta ahora ha sido que en el principio es importante crear un horario muy simple y muy modesto, para asegurar que se cumple. En caso de mi blog, tengo meta de sólo dos artículos al mes. Si quisiera escribir dos por cada semana, es muy probable que lo dejaría.

Una vez nos mostremos a nosotros mismos que el horario es razonable y que se puede cumplir, nos empieza servir verdaderamente, empujándonos a actuar, dándonos energía para el primer paso. Con un poco más de tiempo en este modo el horario se arraiga hasta que no nos sentimos mal incluso al perder las fechas, ya que sabemos que muy fácilmente volveremos a la pista.