El imperio construido de mentiras y su caída inevitable

     

Durante últimas semanas me siento como si viviera en el centro del universo. En todas las noticias siguen hablando de mi país. Lo oigo cada día en mi podcast sobre economía, lo oigo en la radio española, que escucho por las mañanas. Por desgracia la razón porque Ucrania aparece tanto en noticias es muy triste — nuestro país vecino nos robó de un territorio. En el siglo veintiuno, en Europa, un país tomo por fuerza la tierra de otro país. Parece surreal. Parece aun más surreal cuando es tan cerca de ti.

La posición de Rusia desde el principio del movimiento de Euromaidan me daba asco por todas las falsificaciones que fluían de los canales de la televisión rusa. Hicieron todo lo posible para desacreditar uno de los movimientos democráticos más puros de la historia moderna. Llamaron a los manifestantes pacíficos los extremistas, hicieron montaje para altear la verdad. Pero esto era nada comparando con lo que pasó después de que Euromaidan logró a reemplazar el gobierno marioneta de Putin con fuerzas pro-Europeas y pro-democráticas.

Una vez empezó a realizarse el plan de anexión de Crimea, la propaganda rusa alcanzó un nivel extraordinario. La cantidad de mentira que viene de todos los medios rusos es enorme. Mienten en la tele, mienten en los periódicos, mienten en el parlamento, miente el ministro de exterior, miente el presidente. Todos mienten con mucho cinismo.

El propósito de todas estas mentiras es crear una realidad alternativa, donde Rusia es un imperio potente, y donde Putin es emperador. Pero el mundo de hoy no es habitado sólo por idiotas ignorantes sin cerebros. El mundo de hoy es transparente e inteligente. Las mentiras son un fundamento muy frágil. Aunque puede que Putin lograra mantener su imperio en ignorancia unos diez-veinte años más, pero en el fin su imperio fallará. En el fin aun los rusos van a seguir a los ucranianos en un camino democrático, justo, y europeo.