Aprender a disfrutar el tiempo de no hacer nada

     

En el dinámico mundo de hoy empacamos nuestras vidas con varias actividades hasta el colmo. Intentamos distribuir el tiempo de manera más razonable para mantenernos al día con otros y progresar en todas esferas. En tales condiciones casi se ha olvidado el viejo arte de disfrutar la ausencia de cualquier actividad. La misma frase “no hacer nada” se asocia a la pereza y holgazanería. Es cierto que no la queremos escuchar aplicada a nosotros y cuando la decimos refiriendo a otros es casi siempre en contexto negativo.

Resulta que incluso en los casos cuando tengamos todo el derecho de no hacer nada no nos lo permitimos. Para la gente parsimoniosa como yo es especialmente difícil. Por ejemplo, a veces durante los fines de semana o cuando estoy de vacaciones no me puedo dejar caer al ocio. Pienso en qué útil podría hacer con este tiempo. ¿Quizás leer un libro? ¿O aprender algo?

Aunque no hay nada malo en aprovechar el tiempo libre para hacer algo útil, es importante no exagerarlo. A veces hay que darse a uno la posibilidad de estar sin actividad. Y lo más importante es poder a disfrutarlo verdaderamente. Hay que ver el ocio de manera filosófica, pensando que cuando no hacemos nada estamos recargando las baterías de nuestro cuerpo, nuestra mente, y nuestra creatividad.