Nuestra responsabilidad por la polución digital

     

Con el rápido desarrollo de las tecnologías informáticas el creciente porcentaje de actividades humanas están migrando desde el mundo real al mundo digital. Donde antes enviábamos una carta postal, ahora podemos escribir un correo electrónico. Donde antes pasamos por la mesa de nuestro compañero de trabajo para decirle algo, ahora podemos mandarle un mensaje de mensajería instantánea. En vez de invitar a los amigos a una taza de té para mostrarles las fotos imprimidas de un viaje, las tiramos en una red social y todo el mundo las ve y comparte su opinión.

Todas estas maneras nuevas de comunicarnos se han hecho tan fáciles, que ahora muy poca gente piensa realmente en el valor y calidad de lo que comunica. Cada día se genera increíble cantidad de los datos en correos, mensajes o comentarios que no traen ningún pensamiento o idea, y que además de todo a menudo están mal escritos.

En mi opinión, tenemos que ser responsables por lo que tiramos en la red, o cómo se suele decir ahora “en la nube”, de la misma manera como nos sentimos obligados no tirar basura en el mundo real. Aunque se puede disputar que la polución digital no puede tener consecuencias tan graves como contaminación de medio ambiente, ya es cierto que resulta en gastos económicos y de tiempo.