La rutina de la mañana para un día lleno de energía

     

¿Cómo es despertar por las mañanas para vosotros? ¿Os resulta fácil y saltáis de la cama cantando como un pajarito al escuchar el despertador? ¿O quizás al contrario, os cuesta un esfuerzo enorme aun abrir los ojos, y cuando por fin os bajáis de la cama, odiáis todo el mundo y la única cosa que ansiáis es quedarse durmiendo?

A mi me suena un poco el segundo ejemplo, pero en los últimos años me he convertido a ese pajarito a quien le encantan las mañanas. Mi receta para esto es muy fácil y se explica mejor con un ejemplo. Imaginad la última noche antes de vacaciones. La mañana siguiente tenéis planeado coger el avión que os llevará a una isla maravillosa donde disfrutaréis de dos semanas del descanso bien merecido. En este escenario tan agradable, ¿creéis que os va a resultar difícil despertarse? Claro que no. Es cierto que os levantaréis fácilmente con una sonrisa de oreja a oreja, aun si habéis pasado toda la noche haciendo las maletas. Es porque la facilidad con que nos despertamos depende del grado de atractivo con que vemos las cosas que nos esperan durante el día.

La mayoría de la gente no tiene ganas despertarse durante la semana laboral porque ven lo que lo que les espera en sus jornadas como algo aburrido y repetitivo. Puede que la razón para esto es que el día anterior vinieron al trabajo todavía dormidos. Mi método para romper este círculo vicioso es empezar mi día con una rutina agradable que consiste en varias partes. Primero cocino y como mi desayuno escuchando a la radio española, conociendo las noticias del mundo y mejorando mi castellano a la vez. Luego salgo de mi casa hacia la piscina escuchando un podcast sobre management en el camino. Mientras estoy nadando mi norma de 2 kilómetros puedo meditar y poner mis pensamientos en orden. Al terminar me voy a una cafetería muy cómoda donde como mi segundo desayuno escuchando a un podcast sobre economía. Después, por fin voy a la oficina. Al empezar a trabajar me siento satisfecho y lleno de energía porque ya he hecho tantas cosas buenas para mi cuerpo y para mi mente. Y el día siguiente cuando oigo mi despertador tengo muchas ganas de empezar un nuevo gran día.